Fichar con NFC
La misma idea que el cartel, acercando el móvil a una pegatina.
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Se pega un cartel con un código QR en el sitio de trabajo y cada persona lo escanea con su móvil para fichar, con su propia sesión. El código dice dónde estás, no quién eres. Y donde una foto del cartel sería un problema, una pantalla enseña un QR que cambia cada 30 segundos.
Se pega un cartel con un código QR en el sitio de trabajo, cada persona lo escanea con la cámara de su móvil y se abre la pantalla de fichar de ese sitio. Desde ahí ficha con su propia sesión, la misma con la que entra en la app. El código no dice quién eres: dice dónde estás. Por eso una foto del cartel no le sirve a otra persona para ficharte a ti.
Es la forma más barata de poner un punto de fichaje en un lugar concreto: un folio impreso, plastificado si va a la intemperie, junto a la puerta de una obra, en el office de una tienda o en la caseta de un almacén. No hay que comprar ningún aparato ni atornillar nada a la pared. Si el sitio cambia la semana que viene, se imprime otro cartel y se pega en el sitio nuevo.
Lo que queda apuntado en cada fichaje es la hora, la persona, el origen y el sitio del cartel. Entra en el mismo registro de jornada que los fichajes del móvil, de la tablet o de un chat, con su historial de cambios, y se conserva los cuatro años que pide el artículo 34.9 del Estatuto de los Trabajadores. La misma persona puede entrar escaneando el cartel y salir desde la app: es una sola jornada.
El cartel fijo tiene un punto débil conocido, y conviene decirlo antes de que alguien lo descubra por su cuenta: un código impreso se puede fotografiar. Con esa foto en el móvil, alguien puede «pasar por la puerta» desde el sofá de su casa. Escanea la imagen, se abre la pantalla de fichar del sitio y su entrada queda con el nombre de la obra aunque esté a veinte kilómetros.
Tampoco hay que exagerarlo. Con la foto, esa persona solo puede ficharse a sí misma, porque ficha con su sesión: no puede fichar por un compañero. Si el cartel está ahí para que nadie tenga que buscar la aplicación con los guantes puestos, la foto da igual. El problema aparece cuando la empresa empieza a tratar el cartel como la prueba de que alguien estuvo en el sitio. Un código que no cambia no prueba eso, y no lo va a probar por mucho que se plastifique o se cambie de pared.
Lo que sí lo arregla es que el código caduque antes de que la foto llegue a casa.
Para los sitios donde la presencia sí importa, un punto de Ficheo se puede marcar como rotativo. En lugar de un papel, en la entrada se deja una pantalla, normalmente una tablet, que enseña un código QR firmado que caduca a los 30 segundos y se sustituye solo por otro. La persona lo escanea con su móvil igual que un cartel y ficha con su sesión.
Una foto de ese código deja de servir enseguida. Para no rechazar a quien escanea justo en el momento del cambio, o a un aparato con el reloj algo desviado, se acepta también el código de la ventana de al lado, y ninguno más. La foto que alguien se guarda para usarla desde casa ya no vale cuando la quiere usar.
Hay un detalle que sostiene todo lo anterior: la pantalla no es pública. Si cualquiera pudiera abrir en su casa la página que enseña los códigos, se pediría uno desde el sofá y estaríamos otra vez en el principio. Por eso la dirección de esa pantalla lleva una clave que solo aparece en el panel de Ficheo, y esa dirección es la que se deja abierta en la tablet de la entrada.
¿Y si no hay cobertura? Si el fichaje se hizo sin conexión y llega al servidor cuando el código ya ha caducado, no se tira: se guarda con su hora, pero sin el punto. La jornada de esa persona no se queda coja porque el sótano no tuviera señal; lo único que se pierde es la marca de que se fichó delante de la pantalla.
Lo que no evita, para ser claros: alguien que está delante de la pantalla puede mandarle el código en directo a quien sigue en casa, y ese código servirá mientras no caduque. Hace falta un cómplice y prisa, que no es lo mismo que una foto guardada en la galería, pero no es imposible. Para eso están las mediciones de más abajo.
Merece la pena separar dos preguntas que se suelen mezclar: dónde se fichó y quién fichó.
La identidad la pone la sesión de cada persona, no el código. Y precisamente eso es lo que permite colgar el cartel en la calle sin miedo: tener el código no autoriza a nadie a fichar por otro. Si alguien propone «que el QR ya identifique a quien lo escanea, y así no hay que entrar en la app», lo que está proponiendo es convertir una foto en la llave de las horas de otra persona.
Fichar por un compañero tiene consecuencias disciplinarias, se haga con el sistema que se haga. Está contado en fichar por otro compañero.
El QR se puede acompañar de dos mediciones más, y las dos siguen la misma regla: miden, nunca impiden fichar.
¿Por qué no bloquear directamente? Porque el GPS falla dentro de un edificio, el móvil tira de datos en vez del wifi, y un fichaje que sale tarde de la cola sin conexión llega desde otra red distinta a la de cuando se pulsó. Si cualquiera de esas cosas impidiera fichar, la persona se quedaría sin registrar horas que sí trabajó, y ese hueco en el registro es un problema de la empresa, no de quien no pudo fichar. Un aviso se revisa; un fichaje que nunca existió no se puede revisar.
Un QR necesita un móvil con cámara y alguien dispuesto a usarlo para trabajar. No todo el mundo lo tiene, y no se puede obligar a nadie a fichar con su teléfono personal; lo explicamos en ¿pueden obligarme a fichar con mi móvil?
Para esas personas, la salida habitual es la tablet compartida con PIN: una pantalla en la entrada donde cada una teclea su código y ficha en unos segundos, sin sacar nada del bolsillo. Las dos formas conviven en la misma empresa: una persona entra con el QR y la de al lado con el PIN, y cada fichaje queda con su origen. Si en tu empresa conviven varias maneras, están todas en formas de fichar.
El resto no cambia: las horas se suman igual, el cierre de mes sale igual y la Inspección ve el mismo registro, con cada fichaje marcado con su origen.
| Qué se compara | Cartel impreso | QR que cambia en una pantalla |
|---|---|---|
| Qué hace falta | Un folio impreso desde el panel | Una pantalla en la entrada, normalmente una tablet |
| Quién ficha | La sesión del móvil que escanea | La sesión del móvil que escanea |
| Una foto del código | Sirve para ficharse a uno mismo desde otro sitio | Deja de servir en cuanto el código caduca, a los 30 segundos |
| Si llega tarde, sin conexión | Se manda al volver la señal | Se guarda con su hora, pero sin el punto si el código ya caducó |
| Qué dice del sitio | Que alguien tuvo el código delante alguna vez | Que alguien tuvo el código delante hace muy poco |
| Dónde encaja | Obras, tiendas, sitios que cambian cada semana | Entradas donde la presencia tiene que quedar probada |
No hace falta una app de tienda: la de Ficheo es una aplicación web que se abre en el navegador. La cámara del móvil lee el código y abre la pantalla de fichar del sitio. Lo que sí hace falta es tener tu cuenta de Ficheo en ese móvil, porque se ficha con tu sesión. Más en fichar sin instalar apps.
Con un cartel impreso, sí puede ficharse a sí mismo: la foto abre la pantalla de fichar del sitio igual que el papel. Por eso existe el punto rotativo, con un QR en una pantalla que caduca a los 30 segundos. Y si la geolocalización está encendida, ese fichaje queda con una distancia que no cuadra.
No. El código identifica el sitio, no a la persona: ficha la sesión abierta en el móvil que lo escanea. Lo único que el QR no puede notar es que alguien preste su móvil con la sesión abierta.
El artículo 34.9 del Estatuto de los Trabajadores no impone un sistema concreto: exige un registro diario con la hora de inicio y de fin de la jornada, que se conserve cuatro años y esté a disposición de la plantilla, de sus representantes y de la Inspección. Un QR es un medio tan válido como otro si el registro es fiable. Tu convenio puede concretar el sistema, y para un caso concreto pregunta a tu asesoría laboral.
El fichaje se queda en la cola del teléfono y se manda al volver la señal, con la hora en que se hizo. Con el QR que cambia, si llega cuando el código ya ha caducado, no se tira: se guarda igual, pero sin el punto.
El cartel con código QR entra en el plan Gratis, sin tope de plantilla, y se imprime en un folio. Para el QR que cambia hace falta además una pantalla en la entrada, como una tablet.
La misma idea que el cartel, acercando el móvil a una pegatina.
Para quien no ficha con su móvil, en la misma entrada.
Qué mide, qué no y por qué nunca impide fichar.
Se crea la cuenta, se da de alta el sitio en el panel y se imprime el cartel. Fichar y el registro de jornada de cuatro años no tienen tope de plantilla.